Vídeo completo de la sesión Ciudades transformadoras, ciudades con futuro.

 

 

El pasado jueves 5 de noviembre se celebró un coloquio online organizado por la Green European Foundation (GEF) y la Fundación Transición Verde en el que tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano algunos ejemplos de políticas locales transformadoras que nos abren una puerta a la esperanza en esta época de crisis sanitaria, ambiental y social.

Dirk Holemans, copresidente de la GEF y coordinador del think tank Oikos, María Sánchez, Concejala de Medioambiente del Ayuntamiento de Valladolid (España) y Manuel Nunes, Concejal de Medioambiente del Ayuntamiento de Lousada, guiados por la periodista Lidia Ucher nos mostraron con algunos ejemplos el potencial de las ciudades progresistas para poner en marcha iniciativas que mejoran la vida de sus habitantes.

Dirk Holemans, al hablar de la gestación del proyecto transnacional Cities as Places of Hope de la GEF, en el que también participa Transición Verde, nos mostraba una Unión Europea en la que los estados tratan de trabajar juntos, con éxito en algunos ámbitos y con enfrentamientos en otros. Pero al mismo tiempo, Europa aparece como un paisaje plagado de ciudades progresistas que están desarrollando políticas verdaderamente transformadoras con el fin de hacer frente a los desafíos actuales. Y lo más importante es que esas ciudades ya no están aisladas, trabajan en red, colaborando y compartiendo conocimiento y experiencias.

Un ejemplo de estas ciudades progresistas es Lousada, en Portugal, en la que durante los seis últimos años se ha estado llevando a cabo un proyecto sumamente exitoso de educación integrada para la sostenibilidad. Este proyecto buscaba ofrecer una respuesta educativa transversal e integrada y, al mismo tiempo, resolver los problemas ambientales de un municipio caracterizado por un paisaje alterado por la acción humana ,y hacerlo con la participación, la implicación y el empoderamiento de la sociedad en su conjunto.

Manuel Nunes nos contó cómo vivió el proceso, los problemas iniciales relacionados con la falta de estrategia política y de conocimiento científico sobre temas ambientales, por parte de los políticos y de la población en general. Se trazó un plan muy sencillo basado en la investigación, la educación y la concienciación. A través de diferentes proyectos se involucró a toda la sociedad: niños, adultos, familias, mayores, colegios, jóvenes, empresas, propietarios de terrenos, ONGs.

Los años han demostrado que se puede confiar en la capacidad transformadora de la acción social. La ciudadanía quiere involucrarse, cambiar el mundo en el que vive, solo hay que darles responsabilidades y hacerles partícipes. También han demostrado que la educación es fundamental; lleva tiempo pero cuando adquieres conocimientos y tienes las herramientas, la transformación es más rápida.

Valladolid es otra de esas ciudades que han puesto en marcha políticas transformadoras en diferentes campos: alimentación, servicios públicos, movilidad… La municipalización del ciclo del agua tras 20 años de gestión privada no fue fácil, como demuestran los nueve recursos judiciales interpuestos contra el Ayuntamiento por parte de la empresa saliente y de la abogacía del estado. El Ayuntamiento ganó todos los juicios.

María Sánchez, vivió todo el proceso y nos contó cómo éste se llevó a cabo. Tras las elecciones locales de 2015, llega al Ayuntamiento un gobierno de coalición PSOE-Valladolid Toma la Palabra, y se pone en marcha. La iniciativa ciudadana fue fundamental, con una intensa campaña a favor de que la gestión del agua volviera a ser pública. El diálogo con todos los actores implicados fue continuo.

La experiencia está siendo positiva: se invierte en la mejora de la red, hay una mayor calidad del servicio y un mayor control. Es económicamente viable, con mayor ahorro. Se ha ganado en transparencia. Se reconoce que el agua es un bien preciado y finito y por ello se llevan a cabo numerosas campañas de educación ambiental y de ahorro en el consumo.

La estrategia alimentaria de Valladolid se apoya en experiencias previas: grupos de consumo locales, huertos escolares, huertos urbanos para personas desempleadas… y es resultado de la colaboración con la Fundación Entretantos y la Universidad de Valladolid. Es importante señalar también que es una estrategia coordinada con los municipios de todo el área de influencia de esta urbe, optando por la colaboración en lugar de por la competición campo-ciudad.

Tanto la estrategia alimentaria como la gestión pública del agua han contribuido durante esta pandemia a hacer más resiliente la ciudad, con el apoyo a los productores locales de alimentos y los comercios minoristas, con la creación de un bono social para pequeñas empresas que no pueden pagar la factura del agua o con el el seguimiento de las trazas de coronavirus en las aguas residuales.

La crisis de la COVID-19 nos ha enseñado que necesitamos a la naturaleza más que nunca. Nos ha mostrado las cosas que no funcionaban. La necesidad de espacio para las personas, y no tanto para los coches. El coronavirus ha sido un catalizador que ha permitido que las ciudades vayan más rápido. Nos está dando energía para revitalizar proyectos que ya existían. Hemos redescubierto la importancia de los servicios públicos. También nos ha enseñado que depender de una economía globalizada nos hace vulnerables y que hay que fortalecer lo local.

Las ciudades están preparadas para hacer mucho más. Son lugares de esperanza.